Lectura crítica de Mantis, la novela de Francisco Bescós: un thriller que incomoda, habla del trabajo como violencia cotidiana y pone el cuerpo en el centro sin concesiones.
Hay algo en Mantis que me incomoda, y no lo digo como reproche. Me incomoda porque no busca caer bien. Porque no convierte a Fina en símbolo amable ni en heroína ejemplar de manual. Es una mujer que sobrevive, punto. No inspira desde arriba, resiste desde abajo, desde un cuerpo que no encaja, desde un trabajo que tritura, desde un edificio que parece diseñado para borrar personas. Y ahí es donde la novela me parece más honesta: cuando no pide empatía, cuando no explica demasiado, cuando deja que el lector se enfrente a su propia mirada sobre la discapacidad, el trabajo, la violencia cotidiana. A ratos pensé que estaba leyendo un thriller clásico; a ratos, algo más incómodo, más sucio, más cercano a lo que no solemos querer ver.
El trabajo como monstruo
También está el trabajo. No como telón de fondo, sino como maquinaria moral. Ese centro logístico —el Monstruo— no es solo un escenario: es una idea. Un espacio donde la deshumanización no llega con villanos caricaturescos, sino con protocolos, turnos, jerarquías, palabras bien elegidas. Bescós no grita. Deja que el lector vaya atando cabos. Y eso, para mí, pesa más que cualquier discurso explícito. Quizá porque todos hemos estado en sitios así, o cerca. Quizá porque sabemos que la línea entre “accidente” y “daño asumido” es más fina de lo que nos gusta admitir.
No sé si Mantis es una novela cómoda de recomendar. No lo digo como advertencia comercial, sino como constatación personal. Hay libros que se disfrutan; otros se quedan rondando. Este pertenece al segundo grupo. No por su trama —que funciona, que empuja, que aprieta— sino por lo que deja sin resolver del todo. La sensación de que los intocables siguen ahí. De que la adaptación, a veces, es otra forma de violencia. De que sobrevivir no siempre es una victoria limpia. Y quizá por eso sigo pensando en Fina más de lo que pensaba hacerlo. No como personaje redondo. Más bien como una presencia que no se deja cerrar.
Mantis, de Francisco Bescós: sobrevivir no siempre es una victoria limpia
19 de febrero 2026








