¿Por qué hay cada vez más erratas en los libros?

Las erratas en los libros parecen cada vez más frecuentes. Analizo qué está pasando en el sector editorial y cómo la velocidad de publicación puede afectar a la calidad de los textos.

Hola a todos. Hace años apenas me fijaba en las erratas, la verdad. Leía, pasaba páginas y, si había algún fallo tipográfico, seguramente se me escapaba. Ahora ya no. Y a veces es casi un castigo, porque me obliga a detener la lectura y quedarme pensando en la palabra rebelde que decidió salirse del carril.

Supongo que es lo que ocurre cuando llevas muchos años entre libros: el ojo se acostumbra a detectar pequeñas grietas en el texto, aunque tampoco quiero exagerar, que yo también he pasado por alto más de una. Aun así, con el tiempo parece que el cerebro desarrolla una especie de radar discreto para las palabras fuera de sitio. No es infalible, ni mucho menos, pero cuando se activa ya no hay manera de ignorarlo. Es un poco como ver un cuadro torcido en la pared: sabes que podrías dejarlo así, pero algo dentro de ti se niega. Dicho coloquialmente: una pedrada.

No todas las erratas son iguales. Las erratas tipográficas nacen en la maquetación, cuando el texto se transforma en páginas listas para imprimir. Otras son erratas ortográficas que nadie detectó a tiempo durante la edición.

Últimamente me ocurre algo curioso. Abro un libro nuevo, recién comprado, recién salido de imprenta, y cada cierto tiempo aparece una palabra repetida, una tilde ausente o una frase que parece haber escapado demasiado rápido del proceso de revisión. No siempre. Tampoco es una epidemia. Pero sucede lo suficiente como para que muchos lectores empiecen a comentarlo.

Durante un tiempo pensé que era una percepción exagerada. Una de esas nostalgias lectoras que idealizan el pasado. Pero cuanto más escucho a gente que trabaja dentro del sector editorial, más claro parece que detrás hay algo más complejo que un simple despiste.

Uno de los factores que más se menciona es la precariedad creciente en los trabajos editoriales. Correctores, traductores, editores externos… muchos trabajan hoy como autónomos, encadenando proyectos y con tarifas que apenas han cambiado en años. El resultado es bastante obvio: menos tiempo para revisar cada texto.

Y la corrección es, por definición, un trabajo lento. Requiere leer con lupa, detenerse, volver atrás. No es compatible con la prisa.

A eso se suma otro fenómeno que rara vez aparece en las conversaciones entre lectores: la velocidad con la que se publican libros. El mercado editorial vive una especie de carrera constante por llenar mesas de novedades. Cada temporada llegan cientos de títulos nuevos, muchos más que hace unas décadas. En ese contexto, cada libro dispone de menos margen para reposar en el proceso editorial.

No siempre fue así. Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que un manuscrito podía pasar por varias rondas de corrección antes de convertirse en libro. Hoy ese proceso sigue existiendo, pero a menudo se comprime.

Claro que tampoco todo es tan sencillo como decir que antes se hacía mejor. Las herramientas actuales permiten revisar textos con una precisión impensable hace años. Los programas detectan repeticiones, errores ortográficos y muchas inconsistencias automáticamente. Sobre el papel, deberíamos tener libros más pulidos que nunca. Y, sin embargo, algo chirría.

Tal vez el problema no esté solo en las herramientas ni en los profesionales, sino en el ritmo del propio ecosistema editorial. Cuando cada semana aparecen decenas de novedades y las librerías necesitan renovar constantemente sus mesas, el libro empieza a comportarse como un producto de rotación rápida. Eso cambia muchas cosas.

Recuerdo además una anécdota de hace bastante tiempo, cuando los blogs literarios empezaban a crecer y todo parecía más pequeño. Un lector me escribió para señalar tres erratas en una misma página de una novela bastante conocida. Tres. En aquel momento me pareció algo casi excepcional.

Hoy no diría que sea habitual, pero tampoco raro.

También es posible que los lectores estemos más atentos. O más exigentes. O quizá simplemente más acostumbrados a comentar todo lo que leemos en internet, donde cualquier pequeño detalle termina convirtiéndose en conversación colectiva.

En cualquier caso, cada vez que encuentro una errata en un libro nuevo no puedo evitar imaginar el recorrido del texto: el manuscrito original, las correcciones, la maquetación, las revisiones finales y ese momento en el que alguien, en algún punto del proceso, decide que ya está listo para imprimir. Que el libro ya está suficientemente bien. Una expresión curiosa para algo que, durante siglos, aspiró a rozar la perfección tipográfica.

Y aun así, seguimos leyendo. Con lápiz, con post-its, con esa mezcla extraña de fascinación y espíritu crítico que tenemos los lectores que llevamos demasiados años mirando de cerca las páginas.


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Comentarios

4 respuestas a «¿Por qué hay cada vez más erratas en los libros?»

  1. Avatar de Narrativa caótica

    Hola! En un libro ilustrado que compré para mí hijo hace dos meses, encontré faltas de ortografía. En un libro infantil. Ahí, hay que tener más cuidado aún.
    Un saludo!!😘

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  2. Avatar de Narrativa caótica

    Hola! Últimamente, tanto en edición como en maquetación se están abaratando costes.
    Hace un mes compré un libro con la faja como portada. Si quitas la faja de la contraportada, te encuentras las tapas duras del libro lisas y no hay ninguna información. Si pierdes o se rompe la faja de la contraportada, como queda el libro? Me costó 22 euros y tiene la calidad de uno de 17. Increíble.
    Gracias por comentar! :)

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  3. Avatar de
    Anónimo

    Estoy leyendo un libro editado hace poco y está lleno de fallos. Normalmente no encuentro tantos, así que espero que sea una excepción. Los libros no son baratos, creo que los lectores se merecen más.

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  4. Avatar de
    Anónimo

    Hola, Sheila. Si, hasta en los cómics, pero es el precio que estamos pagando por quererlo todo. No tenemos paciencia, y somos poco exigentes y críticos.
    En fin…
    Un abrazo!

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