El principito, nuevo libro ilustrado por Pedro Oyarbide.

Si El principito es una invitación a mirar el mundo de otra manera, la versión ilustrada por Oyarbide nos permite descubrir este clásico también de otra manera.

El primer libro ilustrado del artista español que hay detrás de las portadas icónicas de la arrolladora saga Blackwater.

Fecha de venta: 21 de mayo 2025

Uno de los libros más vendidos de la historia, reinterpretado por el autor de las portadas de la mítica saga Blackwater, de Michael McDowell.

Venerado por generaciones de lectores —tanto pequeños como adultos— alrededor del mundo, El principito de Antoine de Saint-Exupéry es un clásico inagotable que nos conmueve una y otra vez, sin importar cuántas veces regresemos a sus páginas. Publicado por primera vez en 1943, este pequeño gran libro ha trascendido el tiempo, las fronteras y los idiomas para convertirse en una obra fundamental de la literatura universal, cargada de sensibilidad, poesía y filosofía.

La historia se sitúa en la vastedad del desierto del Sáhara, donde un aviador —alter ego del propio autor— sufre una avería en su avión. En medio de esa soledad, aparece un misterioso niño de cabellos dorados que le pide que le dibuje un cordero. Así comienza una entrañable conversación entre ambos, en la que el pequeño viajero —procedente de un lejano asteroide llamado B 612— comparte las enseñanzas recogidas durante sus visitas a otros planetas. Cada uno de esos mundos, habitado por adultos perdidos en su lógica absurda, sirve como metáfora de aspectos de la naturaleza humana: la vanidad, la avaricia, el poder, la soledad.

Lejos de ser solo un cuento infantil, El principito es una profunda reflexión sobre el amor, la amistad, el sentido de la vida y la pérdida. La mirada inocente del niño, capaz de ver lo esencial —aquello que es invisible a los ojos—, invita a los adultos a reconectar con esa parte olvidada de sí mismos: la curiosidad, la empatía, la capacidad de asombro.

En esta edición especial, el ilustrador Pedro Oyarbide reinterpreta con gran sensibilidad y maestría visual uno de los libros más entrañables de todos los tiempos. Sus ilustraciones, llenas de color, detalle y emoción, enriquecen el texto original y nos permiten redescubrir la historia con ojos nuevos. Es como si volviéramos a leer El principito por primera vez, guiados por una estética moderna pero profundamente respetuosa con el espíritu de la obra.

Esta nueva versión es, sin duda, una puerta abierta para nuevas generaciones de lectores y una joya para quienes deseen volver a emocionarse con este relato que, a pesar del paso del tiempo, nunca deja de tocarnos el corazón.

Volver a leer El principito es como reencontrarse con una parte olvidada de nosotros mismos. Espero que esta mirada renovada a la obra te haya inspirado tanto como a mí. Cuéntame en los comentarios qué significó para ti esta historia o qué parte te toca el corazón cada vez que la lees. Gracias por acompañarme una vez más en este viaje literario. ¡Nos leemos pronto en una nueva entrada!

Pedro Oyarbide (Madrid, 1988) es un ilustrador y diseñador gráfico con formación en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y en Diseño Gráfico por la HAWK Hildesheim, Alemania. Tras desarrollar su carrera en diversos estudios de diseño en Reino Unido, Oyarbide ha consolidado una trayectoria como ilustrador freelance desde hace más de una década. Ha colaborado con grandes marcas como Nike, Miller Lite, MtnDew, Rockstar, O’Neill o Budweiser. Su trabajo más reconocible y destacable en el campo editorial son las portadas para la exitosa saga de libros Blackwater, un fenómeno con ventas superiores a los tres millones de ejemplares y cuyo éxito, según recalca la crítica, reside en parte en la reconocible estética de las portadas. La versatilidad y el estilo único de Oyarbide le han permitido dejar una huella notable tanto en el mundo editorial como en la publicidad, llevando sus ilustraciones a una audiencia global.
Instagram: @pedroyarbide

Viví así, solo, sin nadie con quien poder hablar de verdad, hasta hace seis
años, cuando tuve una avería en el desierto del Sáhara. Algo se rompió en el
motor de mi aeroplano. Y, como no me acompañaba ningún mecánico ni llevaba pasajeros, me dispuse, yo solo, a intentar realizar una reparación difícil. Para mí, era una cuestión de vida o muerte, ya que apenas tenía agua para ocho días.
La primera noche, me quedé dormido sobre la arena a mil millas de cualquier lugar habitado. Estaba mucho más aislado que un náufrago en una balsa en medio del océano. Imagínate, pues, mi sorpresa cuando, al amanecer, me despertó una extraña vocecita que decía:
—¡Por favor, dibújame un cordero! —¿Eh?
—Dibújame un cordero.
Me puse en pie de un salto, como si me hubiese alcanzado un rayo. Me froté los ojos y, al mirar con detenimiento, vi a un extraordinario muchachito que me observaba con expresión seria. Este es el mejor retrato que logré hacer de él más tarde. Pero he de reconocer que mi dibujo no es tan encantador como el modelo. No es culpa mía. Las personas mayores me desanimaron en mi carrera de pintor a la edad de seis años y solo había aprendido a dibujar boas cerradas y boas abiertas.


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