
Hoy os traigo la segunda parte de Tierra seca, la novela de César Pérez Gellida.
La gran aventura de dos personajes unidos por el deseo y condenados por su destino: Bajo tierra seca nada bueno germina César Pérez Gellida, más de 500.000 lectores
En los años convulsos de la España de principios del siglo xx, mientras el país se desangra entre el hambre, la violencia y la amenaza de una epidemia, Sebastián Costa y Antonia Monterroso huyen hacia delante, atravesando Jaén, Córdoba, Madrid y Valladolid con la promesa de un futuro al otro lado del Atlántico. Él, un veterano de guerra convertido en atracador; ella, una mujer forjada en la supervivencia y la ambición. Juntos forman una alianza marcada por la sed de riqueza, la desconfianza y un deseo tan intenso como peligroso.
Pero las deudas con el pasado nunca quedan saldadas. En su camino han dejado cadáveres, enemigos y un rastro de sangre que otros están decididos a seguir. Entre la persecución de quienes ansían verlos caer y las grietas que se abren entre ellos, la duda se cierne sobre su vida: ¿hasta dónde estarán dispuestos a llegar para ser libres? Porque en un mundo donde la violencia echa raíces y la redención es solo un espejismo, pronto descubrirán que bajo tierra seca nada bueno germina.
Con esta novela, César Pérez Gellida culmina su implacable exploración del deseo de poder, la lucha contra el destino y la crudeza de las decisiones, y construye un thriller vertiginoso en el que la lealtad es una moneda que se paga con sangre.
Segunda parte de Bajo tierra seca, de César Pérez Gellida
Esta primera parte, ha sido galardonada con el Premio Nadal 2024, destacando por su estilo narrativo envolvente y su capacidad para retratar la hostilidad de una época marcada por el caciquismo y la pobreza. Con una estructura de capítulos cortos y un ritmo ágil, Gellida ofrece una obra que combina el suspense del thriller con una profunda exploración de la condición humana en un entorno adverso.
Bajo tierra seca es una lectura imprescindible para los amantes de la novela negra y aquellos interesados en las complejidades del alma humana frente a las adversidades del entorno.
Si la primera entrega ya nos dejó atrapados en una trama tensa, con ese paisaje duro y una atmósfera casi irrespirable, esta segunda parte no se queda atrás. Al contrario: los personajes se vuelven más complejos, el conflicto gana fuerza y todo empieza a pesar más… en el buen sentido.
Gellida sigue haciendo lo que mejor sabe: mantenernos en vilo mientras nos mete de lleno en la cabeza (y las contradicciones) de sus personajes. Todo sigue oliendo a tierra, a polvo, a calor seco… y emocionalmente, la cosa no afloja.
Una lectura que engancha, incomoda a ratos, y que confirma por qué este autor tiene tanto que decir.
«Es por libros como este que sigo aquí, porque vale la pena perderse en historias que, más que lecturas, son verdaderos tesoros.»
Sheila Hernández.

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