Crónica de una tarde con Megan Maxwell: entre risas, confidencias y nuevas historias.
Ayer tuve el privilegio de asistir a la presentación de Pídeme lo que quieras y yo te lo daré, la inesperada y celebrada cuarta entrega de la saga Pídeme lo que quieras de Megan Maxwell. Un título que, sin previo aviso, llegó para conquistar de nuevo a miles de lectoras (y lectores) que aún no queríamos despedirnos de Eric Zimmerman y Judith Flores.
La velada fue un regalo. Megan, con su simpatía característica y ese desparpajo que tanto la define, nos abrió las puertas a su universo creativo. Entre confidencias literarias y muchas risas, nos compartió cómo nació esta novela: mientras trabajaba en otro proyecto completamente distinto, comenzaron a brotar ideas nuevas sobre Eric, escenas que le pedían a gritos ser escritas. Así fue como, casi sin planearlo, esta cuarta entrega cobró vida. La primera escena —nos contó— salió del tirón, como si la historia no quisiera esperar ni un minuto más para ser contada.

Sobre la posibilidad de continuar la saga, fue clara: no hay planes de una quinta parte… al menos de momento. Lo que sí nos adelantó fue que está inmersa en su próximo lanzamiento, una historia de brujas que, por ahora, permanece bajo llave (ni título ni fecha de publicación confirmados, así que tocará esperar con paciencia… o con ansiedad, según el nivel de fanatismo).
Entre las novedades, también nos habló de Oye morena, ¿tú qué miras?, un spin-off centrado en Coral, el personaje secundario de Adivina quién soy. Promete ser una novela divertida, ágil, y con una dosis mucho más baja de escenas de sexo, algo que seguramente atraerá a otro tipo de lectoras sin perder su estilo reconocible.
Y como buena Guerrera Maxwell, Megan no se detiene: para el año que viene regresará con una nueva entrega de su querida saga medieval, un género en el que se mueve con soltura y pasión, y donde vuelve a demostrarnos que sabe contarnos historias en cualquier época.
Un momento que nos tocó el corazón fue cuando abordó el tema de la adaptación cinematográfica de Pídeme lo que quieras. Aunque en su día vendió los derechos, al conocer el guion que se había escrito decidió frenar el proyecto. ¿El motivo? No reflejaba con fidelidad la esencia del libro. Y como lectora —y defensora de sus personajes— le agradezco profundamente esa decisión. Si no va a ser Eric, que no nos lo travistan con un traje que no le encaja.
La tarde finalizó con un detalle muy especial: la editorial nos obsequió con unas pulseras conmemorativas, un gesto sencillo pero significativo para quienes esperamos durante horas por una firma y una sonrisa. Porque sí, Megan firmó, posó, charló, nos hizo reír y nos regaló una cercanía que pocas autoras consiguen transmitir.
Me fui a casa con mi ejemplar firmado, el corazón contento y la certeza de que, más allá de los libros, Megan Maxwell sabe cómo tocar a su público. Y sí, sus personajes a veces nos hacen renegar, pero también nos enamoran, nos enfadan, nos hacen reír y, sobre todo, nos acompañan.
Hasta la próxima, Megan. Aquí seguiremos.
Con los ojos brillando y el corazón listo para más.

Deja un comentario.